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Una bolsa de dulce y algo más

  • Foto del escritor: Carla
    Carla
  • 18 feb
  • 2 min de lectura

Hay días que parecen uno más hasta que pasan los años.


Me acuerdo perfectamente de cuando iba a capear olas al mar con mi madrina, su hija y mi hermana. En ese momento yo no sabía que años después lo recordaría porque para mí era solo un verano más. Los recuerdos importantes casi nunca se sienten importantes cuando están ocurriendo.


Era 5 de enero en Madrid y toda la ciudad esperaba a los Reyes Magos. Eran cerca de las siete de la tarde, pleno invierno, hacía muchísimo frío. Todos estábamos con parcas, guantes y gorros.


Las carrozas pasaban lanzando dulces al aire. Nos separaban unas vallas metálicas. Los niños sostenían bolsas, canastos y algunos llevaban paraguas dados vuelta para recoger más.





Con mi sobrino nos pegamos a la reja para que pudiera ver mejor. Yo sostenía una bolsa blanca de supermercado que se me volaba con el viento, mientras las manos se me helaban. Juntos gritábamos: “¡Aquí, aquí!”, y él se agachaba rápido para recoger los dulces que caían al suelo.


En ese momento supe que ese día sería inolvidable para él. Y yo estaba ahí, acompañándolo.


Mientras pasaban los Reyes Magos, lo miré. Estaba feliz. Habíamos juntado muchos dulces y verlo así me hizo sonreír.


Él solo quería más dulces. Yo sabía que estaba guardando algo más.


Tal vez algún día olvide los detalles, pero no lo que sintió esa tarde.


Cuando volvimos a la casa, me quedé con esa sensación. No le dije nada a nadie, pero para mí también se había convertido en un recuerdo especial. Esta vez, me tocaba a mí acompañar.


Ese día entendí algo. Mientras lo veía crear su recuerdo, también estaba creando el mío.

Quizás por eso la cocina es mucho más que comida. No solo se preparan postres y platos, se preparan momentos. La cocina crea recuerdos sin avisar. ¿Quién no tiene una historia con un postre, un dulce, una comida favorita?


Al final, los recuerdos viven en cosas simples. Se crean en pequeños instantes:

una bolsa de dulces,

una mano,

un abrazo,

un olor.


Cuando chica no sabía que esos días en el mar me iban a acompañar para siempre. Y lo más bonito es volver a ellos sin esperarlo. Nunca sabemos cuál será el que se quedará con nosotros.


Quizás este verano ya dejó el suyo.

¿Cuál crees que será el tuyo?

 

 
 
 

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